Glosario

¿Qué coño es un gestor de iconos?, dices mientras clavas tu pupila en mi pupila azul. ¿Y tú me lo preguntas? Gestor de iconos eres...

Bueno, como ocurre con todos los campos del conocimiento humano, por recónditos y estrafalarios que parezcan —desde la física de partículas a las partidas de guiñote—, el de las interfaces de escritorio para ordenador también posee su propia jerga, más o menos impenetrable para el que se asoma desde fuera. Así que aquí van algunas definiciones y conceptos explicados, con el fin de hacer mis comentarios más fáciles de entender.

Por orden alfabético:

Bandeja del sistema


Bandeja del sistema en Windows 7.

La bandeja del sistema o —como prefiere Microsoft— área de notificaciones de Windows 7, en el extremo derecho de la barra de tareas.


En algunos entornos de escritorio, la bandeja del sistema o «área de notificaciones» es un elemento de la interfaz desde el cual el usuario puede recibir avisos de programas en ejecución o interactuar con ellos de forma rápida, y también controlar ciertas funciones del sistema operativo. Entre estas últimas, casos habituales son el volumen del sonido, la carga de las baterías de los portátiles o la resolución del monitor. Y entre las aplicaciones que suelen dejar un iconito de control ahí encontramos antivirus y otras herramientas importantes que deben funcionar en segundo plano durante largos intervalos.

Normalmente se ubica en algún rincón de paneles o barras de tareas, aunque no tiene por qué ocurrir siempre así: en los gestores de ventanas que reservan un área de la pantalla para dockapps —Window Maker, Blackbox, Pekwm, etc— es posible colocar en ella una bandeja del sistema mediante utilidades como Wmsystemtray .

La idea procede de Windows 95, y desde entonces ha sido adoptada con más o menos variaciones por otros entornos de escritorio. En el mundo de Unix existe desde 2002 un protocolo estándar para evitar múltiples implementaciones incompatibles; antes de él, en efecto, algunos proyectos desarrollaron bandejas del sistema por su cuenta.

Nótese que en teoría la denominación más correcta para la bandeja del sistema sería «área de notificaciones», y los responsables de Windows llevan años insistiendo en ello . Pero esa batalla la tienen perdida. Ante la duda, yo he preferido seguir aquí la costumbre mayoritaria para no confundir al lector; lo siento, Microsoft.

Barra de tareas

Bueno, ¿ésta es fácil, no? Las barras de tareas llevan entre nosotros desde los tiempos de Windows 95, existen en todas las interfaces de escritorio mayoritarias, y son un elemento cotidiano para tanta gente que seguramente no necesitan presentación.

En principio, una barra de tareas es un panel alargado —con forma de barra, vaya— que sirve para mostrar qué programas o ventanas están abiertos en un momento dado. Claro, con el tiempo se han ido añadiendo otros complementos —menús de aplicaciones, relojes, etc—, pero su función principal es que el usuario pueda ver rápidamente qué se está ejecutando en su sesión de trabajo.

Usualmente se sitúan en el extremo inferior de la pantalla, pero no tiene por qué ser siempre así. De hecho, una posibilidad poco utilizada de las versiones recientes de Windows es la de reubicar la barra de tareas en cualquiera de los bordes del escritorio, incluso alineada verticalmente.

Algunos ejemplos:

Barra de tareas de Windows 95

Ésta es la barra de tareas de Windows 95 en su configuración más básica, y con un par de ventanas abiertas. Incluía también una pequeña sección con iconitos para lanzar aplicaciones, llamada Quick Launch Bar o «barra de inicio rápido», pero aquí se halla desactivada porque a mí nunca me ha gustado.

Barra de tareas de JWM (Puppy Linux)

Esta otra barra de tareas procede de una versión vieja de JWM corriendo en Puppy Linux. De izquierda a derecha, tenemos el botón del menú de inicio, un pager, la zona para mostrar las ventanas abiertas, un medidor del trabajo de la CPU, y un reloj.

Barra de tareas de BeOS

Y para terminar, la barra de tareas de BeOS, con un montón de aplicaciones abiertas. Como esta imagen no es mía y yo nunca he usado BeOS, no estoy seguro del todo, pero el área de la derecha que incluye el reloj tiene toda la pinta de ser una «bandeja del sistema» al estilo de Windows.

Colocación de las ventanas

Cuando el usuario arranca un programa, ¿dónde colocará el ordenador la nueva ventana correspondiente? Vale, es un asunto nimio, porque uno luego puede moverla donde quiera. Pero vienen a existir, simplificando bastante, las siguientes soluciones al problema:


Colocación de ventanas en cascada

Esta captura de Windows 95 ilustra bastante bien el concepto de colocar las ventanas en cascada.


En cascada:
Usada, por ejemplo, en Windows 95. Las ventanas comienzan a aparecer en la esquina superior izquierda de la pantalla, y van solapándose en diagonal hacia el extremo opuesto. No es muy sofisticado, pero resulta relativamente cómodo; las barras del título, que es lo que utiliza la mayoría de la gente para arrastrar las ventanas por el escritorio, suelen quedar visibles.
Inteligente:
O, en inglés, Smart Window Placement. Consiste en que, al crearse, las ventanas se van repartiendo por el escritorio tratando de aprovechar al máximo el espacio libre, y obstruyéndose lo menos posible unas a otras. Existen multitud de algoritmos sutilmente distintos para lograrlo. Gestores como Fluxbox la emplean por defecto, y muchos otros la incluyen como opcional; actualmente se trata de una característica bastante extendida.
En un rincón concreto de la pantalla:
Sí, hay gestores —como Amiwm— que se limitan a abrir las nuevas ventanas en una zona determinada del escritorio, y dejar que sea luego el usuario el que las ordene a su gusto. Los sitios más usuales son la esquina superior izquierda, o el centro.
Manual:
También llamada «interactiva». Se trata de obligar al usuario a escoger dónde se creará cada ventana antes de abrirla, moviendo su silueta por el escritorio. Quizás no parezca una mala idea, y de hecho fue relativamente popular a principios de la década de los noventa —el ejemplo más famoso tal vez sea Twm—, pero para personas que trabajen con muchas aplicaciones en una misma sesión rápidamente se vuelve engorroso.

Por supuesto, estos conceptos se aplican sólo a los gestores de pila. Los de mosaico funcionan con una premisa diferente: encajan las ventanas en una cuadrícula y no permiten que floten por el escritorio, precisamente para evitar que unas queden ocultas debajo de otras.

Dockapp


Un par de dockapps en su medio natural

Tomadas de una captura de AfterStep, un par de dockapps: Wmnd —un monitor del tráfico de red—, y ASClock .


Las dockapps son pequeños accesorios para el escritorio, usualmente paneles cuadrados de 64x64 píxeles. Existen muchas de ellas, con gran variedad de funciones; pero las más recurridas son medidores de temperatura o carga de trabajo de la CPU, relojes, controles de volumen del sonido y otras cosas parecidas. Generalmente se alojan en un área de la pantalla reservada para ellas, llamada de muchas maneras —aunque el apelativo más común es «dock», claro—.

La idea se introdujo por primera vez en NeXTStep , un sistema operativo hoy desaparecido, pero históricamente muy relevante —fue, por ejemplo, el precursor de Mac OS X—. En Unix se popularizó gracias a Window Maker y AfterStep, dos gestores de ventanas inspirados precisamente en la interfaz de NeXTStep; y de ahí ha pasado a muchos otros, con ejemplos tan notorios como Fluxbox.

Las versiones recientes de Windows cuentan con los llamados gadgets, que funcionalmente vienen a ser más o menos lo mismo.

Entorno de escritorio

Mientras que un gestor de ventanas sólo provee las funciones básicas para trabajar con ventanas —aunque muchas veces con añadidos como menús de aplicaciones o barras de tareas—, los entornos de escritorio van mucho más allá, y pretenden ser soluciones completas para utilizar el ordenador. La distinción puede resultar en ocasiones poco nítida, porque gestores como Enlightenment o FVWM 2 también trascienden en cierto modo ese estrecho concepto de «dibujar ventanas en el escritorio y permitirle al usuario manejarlas».

Así, de un entorno de escritorio se esperan cosas como un paquete más o menos homogéneo de aplicaciones básicas —un editor de textos, un explorador de archivos, etc—, control de sesiones, o un conjunto coherente de diálogos de configuración que abarque todos los aspectos del sistema. Luego, claro, hay cosas tan ambiciosas como KDE, y entornos más minimalistas como LXDE o Equinox.

Escritorio virtual

En el mundo de Windows, y a no ser que uno emplee herramientas de terceros —por ejemplo, VirtuaWin —, el escritorio del ordenador es el área de trabajo que abarca la pantalla. Nada más. Y sólo existe uno. Esto puede volverse bastante incómodo cuando hay muchas aplicaciones abiertas, cada una con su correspondiente ventanita y todas ellas peleando por el espacio disponible.

En cambio, en Unix, ese país anárquico donde cada programador puede experimentar con el X Window System y construir la interfaz gráfica de sus sueños, muchos usuarios pensaron que el área del monitor es demasiado pequeña. Y para resolver esta necesidad —«¡más sitio para nuestras ventanas!»— aparecieron los llamados escritorios virtuales.

El concepto puede resultar algo confuso, porque ha ido evolucionando con los años, y bajo la etiqueta podemos encontrar dos cosas distintas:

Escritorio virtual:
La idea original, el escritorio virtual «propiamente dicho», consistía en hacer la zona de trabajo más amplia que el área del monitor. De este modo, uno puede repartir sus ventanas como quien distribuye papeles sobre una mesa grande. En cada momento la pantalla muestra sólo una parte del área de trabajo; y esta vista la podemos desplazar libremente, como si deslizásemos la mirada sobre esa misma mesa.
Espacios de trabajo:
La otra modalidad, disponer de varios escritorios independientes, entre los que el usuario puede alternar usando un control de la interfaz, una combinación de teclas o el ratón. Suele ser posible mandar ventanas de uno a otro.

Además, hay que tener en cuenta que las dos variantes no son excluyentes: gestores de ventanas como FVWM permiten usar muchos espacios de trabajo, cada uno de los cuales puede ser a su vez un escritorio virtual mucho más grande que el área mostrada por el monitor.

EWMH

EWMH significa Extended Window Manager Hints, y se trata de una serie de especificaciones pensada para mejorar la interacción entre aplicaciones y gestores de ventanas. Amplía otro estándar anterior, el ICCCM. Su última revisión data de 2011.

Conocido también como NetWM.

Gestor de iconos


El gestor de iconos de Twm

El gestor de iconos de Twm. Las ventanas marcadas con la equis se hallaban en ese momento minimizadas.


Más conocido por su nombre en inglés, icon manager, aunque también se le podría llamar, supongo, «gestor de tareas», que quizás resulte más descriptivo.

Antes de que se popularizasen las barras de tareas en las interfaces de escritorio, lo habitual en ellas era que, al minimizar las ventanas abiertas, éstas se convirtiesen en iconos en el escritorio —por poner un ejemplo famoso, ¿recordáis Windows 3.1?—. Esto resultaba bastante práctico en sesiones ligeras con pocas aplicaciones en uso, pero se volvía caótico cuando el usuario intentaba trabajar con muchas a la vez —«¿dónde demonios dejé el iconito de la ventana del editor de textos?»—.

Y para poner algo de orden en estas sesiones de trabajo congestionadas, se inventaron los gestores de iconos. En realidad, vienen a funcionar como barras de tareas, sólo que no tienen forma de barra ni un lugar fijo en el escritorio; consisten simplemente en una ventana que muestra una lista de todas las demás, y permite al usuario ir minimizándolas, restaurándolas o trayéndolas a primer plano. Presentes en Twm y los gestores que derivaron directamente de él, y en alguno más que implementó la idea por su cuenta.

Gestor de ventanas

Imagino que los lectores que aterricen aquí ya tendrán el concepto bastante claro, pero por si acaso aquí va una pequeña explicación...

El gestor de ventanas es el programa que controla la apariencia y comportamiento de las ventanas en una interfaz gráfica. Nada más, nada menos. Puede parecer un asunto bastante estrecho y poco interesante, pero existen muchos modos de cumplir esta función. Algunos gestores —el DWM que utiliza Windows, por ejemplo— son sólo pequeñas piezas de los entornos de escritorio a que pertenecen, mientras que muchos otros están concebidos para usarse en solitario y tienen relevancia por sí mismos.


Captura de Xmonad

Xmonad, un ejemplo de gestor de ventanas de mosaico. Hay tres aplicaciones abiertas y repartiéndose todo el espacio de la pantalla. (Imagen tomada de Wikipedia).


En realidad, el hecho de poder escoger un gestor de ventanas u otro, con decenas de ellos disponibles para experimentar, se trata de una particularidad de Unix —más concretamente de su parte gráfica, el X Window System—; otros sistemas cuentan con un diseño más monolítico, que hace mucho más complicado reemplazar componentes alegremente.

A grandes rasgos, los gestores de ventanas para el X Window System vienen en dos variedades:

Gestores de pila:
Los más habituales. Se llaman así porque las ventanas pueden moverse libremente por el escritorio y superponerse unas a otras, formando una pila. No hay mucho que explicar de ellos, Windows —es decir, el noventa y tantos por ciento de los ordenadores hoy en funcionamiento— viene empleando este concepto desde la lejana versión 2.0.
Gestores de mosaico:
En cambio, esta otra clase de gestores trabaja de una forma distinta. Simplificando mucho, dividen el área del escritorio entre las ventanas que hay abiertas, componiendo así con ellas una especie de cuadrícula o «mosaico», de modo que no se obstruyan. Las ideas fundamentales son aprovechar al máximo el espacio de la pantalla, y liberar en lo posible al usuario de la tarea de ir ordenando sus ventanas. Podrían dividirse a su vez en dos categorías, dependiendo de la forma predominante de manejar estos mosaicos:
Dinámicos:
En ellos las ventanas se distribuyen siguiendo pautas predefinidas, con poca intervención por parte del usuario. Más allá de un mínimo de configuración estas reglas básicas no suelen admitir cambios. Por ilustrarlo: Dwm parte verticalmente el escritorio en un área principal y otra de pila, y el desarrollo normal de la sesión se resume en ir moviendo ventanas de una a otra, según se presente la necesidad.
Manuales:
Sin embargo, este tipo de gestores carecen de algoritmos automáticos, o bien los relegan a un papel secundario. Dan al usuario una total libertad para dividir la pantalla en celdas, y un control más exhaustivo del mosaico. Un ejemplo muy conocido es Ion.

ICCCM

Tiene nombre de misil, pero es el Inter-Client Communication Conventions Manual, un estándar que establece mecanismos de interacción entre aplicaciones bajo el X Window System. Detalla entre otros asuntos cómo cortar y pegar datos entre ellas, propiedades de las ventanas accesibles por terceros —WM_NAME, WM_CLASS, etc—, o ciertas facetas del control de sesiones. Se trata de un texto largo, notorio por su aridez. La versión vigente hoy data de 1994.

Maximizar

Expandir una ventana hasta que ocupe toda la pantalla, aunque generalmente suele reservarse espacio para que las barras de tareas u otros paneles informativos sigan siendo visibles. Algunos gestores como Flwm permiten maximizar las ventanas en una sola dirección —horizontal o vertical—, y otros como FVWM 2 dan al usuario la posibilidad de fijar tamaños arbitrarios.

Minimizar

Hacer desaparecer una ventana del escritorio pero sin cerrar la aplicación correspondiente. Existen varias modalidades:


Ventanas minimizadas como iconos en Mwm

Una captura de Mwm; los iconos grises de la parte inferior representan cada uno a una ventana minimizada.


Minimizar como icono («iconizar»):
En la época anterior a las barras de tareas, éste era el método más habitual. Las ventanas minimizadas así quedan convertidas en iconos en el escritorio, que el usuario por lo general puede ordenar a su gusto. Clicar sobre ellos normalmente restaura la ventana en cuestión.
Ocultar:
La ventana desaparece sin más ceremonias, y puede ser recuperada mediante una barra o menú de tareas. Hoy es el concepto más extendido, se ha ido generalizando desde los tiempos de Windows 95.
Enrollar o «sombrear»:
Consiste en que los contenidos de la ventana desaparecen, quedando sólo la barra del título, en un efecto parecido a enrollar una persiana. El ejemplo más famoso de esta idea en acción lo encontramos en el Mac OS clásico, pero también se ha aplicado en algunos gestores de ventanas para Unix.

Modelo de enfoque

¿Cómo determinar qué ventana recibe las acciones del usuario —es decir, «está enfocada»—? Es otro de esos detallitos en los que nadie pensamos, hasta que al usar distintas interfaces gráficas nos damos cuenta de que existen varias respuestas:

Clicar para enfocar:
Vale, éste es el método que todos conocemos; Windows lo usa y Mac OS X también. Si deseamos trabajar con una ventana determinada, clicamos en ella con un botón del ratón —suele ser el izquierdo—, y a partir de entonces tendrá el foco. Normalmente la ventana enfocada de este modo se coloca asimismo en primer plano, sobre todas las demás; aunque hay algunas excepciones a esto, como Workbench, la vieja interfaz de Amiga.
El foco sigue al ratón:
En cambio, en el mundillo de las interfaces gráficas de Unix es tradicional este otro modelo de enfoque. En él, la ventana que recibe las acciones del usuario es la que contiene el puntero del ratón, y para cambiar de una a otra basta con ir moviéndolo por el escritorio. Un efecto colateral es que si el puntero del ratón no se halla sobre ninguna ventana —ha quedado sobre el fondo del escritorio, por ejemplo—, ninguna de ellas queda enfocada. Además, por lo general enfocar una ventana no la trae automáticamente a primer plano.
Sloppy Focus:
A grandes rasgos funciona como el anterior, pero si el puntero del ratón se mueve sobre el escritorio la última ventana enfocada retiene el foco.

Éstas son las ideas básicas. Luego existen diversas variantes; por ejemplo, hay gente que prefiere que el foco siga al ratón, y lo combina con que las ventanas enfocadas suban a primer plano.

Movimiento de las ventanas

En un escritorio con ventanas flotantes forma parte de la rutina habitual que el usuario las mueva por la pantalla para organizarlas a su gusto. Nada de particular aquí; sólo comentaré que existen dos modos de ilustrar estos desplazamientos:

Transparente:
Al arrastrar la ventana en cuestión ésta aparece representada solamente por el rectángulo de su contorno; cuando la acción de moverla termine se dibujará en su nueva posición. Muchos gestores tratan de hacer más visible esta silueta colocando en su interior una cuadrícula —Twm y derivados, por citar algún ejemplo—, líneas diagonales cruzadas, u otros elementos.
Opaco:
La ventana se muestra con todos sus contenidos durante el desplazamiento.

El movimiento transparente se utilizó mayoritariamente en entornos gráficos antiguos, más o menos hasta finales de los noventa —Windows 95, AmigaOS 3.1, Mac OS clásico—, debido a las limitaciones del hardware de la época. El movimiento opaco, muy común en la actualidad, resulta más natural para el usuario pero también más exigente con los recursos del ordenador, sobre todo si se trabaja con ventanas grandes.

Con algunas excepciones entre los más minimalistas, los gestores de ventanas permiten escoger entre un método y otro.

NetWM

Otro nombre del estándar EWMH.

Pager


El pager de Olvwm

Un pager típico, en este caso el de Olvwm. Su función es bastante obvia.


Con la aparición de los escritorios virtuales se hizo necesaria alguna herramienta que indicase claramente al usuario dónde se hallaban todas sus ventanas. Y así surgieron los pagers, que algunos hispanohablantes llaman también «paginadores». En un principio se trataba de pequeñas ventanitas siempre visibles, colocadas normalmente en una esquina de la pantalla, que contenían una especie de mapa de la sesión de trabajo. En las interfaces modernas siguen usándose, pero resulta más habitual verlos integrados en paneles y barras de tareas —como ocurre en JWM o IceWM—.

Además de servir de guía, la mayoría de los pagers permiten manipular ventanas mediante sus representaciones en miniatura, por ejemplo arrastrándolas de un lado a otro del escritorio virtual.

«Sticky window» o ventana pegajosa

Cuando se emplean escritorios virtuales o espacios de trabajo independientes, se denomina «pegajosa» —normalmente en inglés, «sticky window»— a la ventana que resulte visible en todos ellos. El término nació porque en los primeros gestores que implementaron la idea, con escritorios virtuales contiguos y más grandes que la pantalla —Tvtwm, FVWM, etc—, estas ventanas parecían «acompañar» siempre al usuario en sus movimientos por ellos. Esta función suele utilizarse en relojes y otros accesorios que conviene mantener a la vista en todo momento.

«Root window» o ventana raíz

En el X Window System todas las ventanas están organizadas en un árbol jerárquico. La primera de ellas, que contiene a las demás y queda por tanto debajo de ellas, es la ventana raíz o «root window»: para explicarlo de una forma rápida que todo el mundo entienda, el fondo del escritorio. De hecho, al poner una imagen como fondo mediante utilidades como Feh lo que estamos haciendo es pintar en esa ventana raíz.

Algunos gestores y entornos de escritorio —Tvtwm, XPde, etc— la ocultan bajo otras capas, sobre las cuales dibujan sus propias ventanas.

Toolkit


Ejemplo: varios toolkits

Tres exploradores de archivos usando distintos toolkits: de arriba a abajo, XVFilemanager (XView), Xfm (Xaw3D), y Konqueror (Qt).


Un toolkit es un conjunto de librerías con funciones comunes, usadas en programación para no tener que reescribir una y otra vez los componentes más básicos de cada programa.

Para entendernos, un ejemplo. Supongamos que el señor X está trabajando en el «Programa Malvado Que Lanzará Los Misiles Nucleares Rusos Sobre Occidente», y ha llegado a la etapa de diseñar una interfaz gráfica, para que el simio encargado de apretar el famoso botón rojo logre cumplir su tarea fácilmente. El señor X podría dibujar artesanalmente cada elemento —aquí habrá un menú, de tal tamaño, con tal forma, usando tal fuente de texto, que se desplegará hacia abajo cuando el usuario pulse tal tecla, y que...—, pero probablemente querría usar un toolkit como Motif o GTK2, que ya incluyen todo tipo de botones y diálogos predefinidos.

La última opción posee varias ventajas, mayormente dos: un ahorro obvio de faena, y el hecho de dotar al «Programa Malvado» de una interfaz con una estética y funcionamiento similares al de otras aplicaciones que empleen el mismo toolkit. Por seguir ilustrando el ejemplo, si el señor X se decanta por GTK2 y los ordenadores de los silos de misiles usan Gnome como entorno gráfico, el simio encargado de lanzar el ataque nuclear se encontrará con un programa bastante predecible y en armonía con el resto de su escritorio. ¿Conclusión? El señor X acabará antes su trabajo, el primate del botón rojo también, y los demás podremos consolarnos pensando en que la suegra o el imbécil que nos atiende en la oficina del paro van a morir con nosotros.

Tooltip

Widget

Cada uno de los elementos que componen una interfaz gráfica: botones, barras de desplazamiento, menús, etc.

Xresources

Bajo este pintoresco nombre encontramos el sistema de preferencias para aplicaciones original del X Window System, implementado ya en sus primeras versiones. Los Xresources son líneas de texto que asignan valores a variables organizadas de forma jerárquica. Suelen almacenarse dentro del directorio /usr/X11/lib/X11/app-defaults —vigentes para todo el sistema—, o en los ficheros ocultos ~/.Xdefaults o ~/.Xresources de cada usuario.

Cito como ilustración parte de los míos:

olwm.PointerWorkspace: false
olwm.PaintWorkspace: false
olwm.WindowColor: #bcbcbc
olwm.IconLocation: right-bt

xpdf.geometry: 900x860
xpdf.initialZoom: 150

Tekwm*background: rgb:f0/f0/f0
Tekwm*foreground: rgb:00/00/00
Tekwm*menu.title.foreground: rgb:66/66/66
Tekwm*menu.title.background: rgb:ff/ff/ff

Como veis, el Xresource típico hace referencia a <programa>.<atributo>, o bien alguna variación de <programa>.<elemento>.<atributo>. El asterisco (*) es un comodín, y permite por ejemplo escribir reglas que afecten a varias aplicaciones, o a varios componentes de una aplicación. Podéis leer más información práctica sobre ellos en esta guía de Arch Linux .

La mayoría de los programas modernos recurren a otros métodos de configuración y ya no los emplean.

X Window System

Se trata del sistema gráfico más común en Unix, y su desarrollo comenzó en la década de los ochenta. Existe un estándar, un diseño general —el protocolo X11—, y a partir de él se han ido creando a lo largo de casi tres décadas diversas implementaciones. En la actualidad la más utilizada es la de la Fundación X.org , la oficial que sirve de referencia para las demás.

Nótese que el X Window System «sólo» —¡en realidad es mucho!— proporciona las funciones más básicas para trabajar con gráficos: dibujo y movimiento de ventanas y formas geométricas sencillas, controladores para dispositivos de entrada, fuentes de texto, etc. Partiendo de esta base terceras partes pueden crear los toolkits e interfaces gráficas que prefieran. Al contrario que en otros sistemas como Windows, no existe nada predefinido en ese aspecto.

Otra faceta importante del X Window System es que fue concebido también para su uso en redes. De modo que un programa puede ejecutarse en un ordenador, y mostrar su ventana en el monitor de otra máquina diferente. Normalmente no se trata de una característica demasiado interesante para el usuario doméstico, pero sí en centros de trabajo.

En Linux quizás sea sustituido en algún futuro indeterminado por Wayland . La otra alternativa, Mir , quedó por el camino.

 

Actualizado el 31 de mayo de 2020.


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