Existen dos variantes de Mwm —y la explicación de ello la doy más abajo—, sutilmente distintas. He probado ambas:
Mwm fue ampliamente utilizado a mediados de los años noventa; sin embargo, hoy se trata más bien de una curiosidad histórica. No ha cesado totalmente su desarrollo —tanto Motif como Lesstif han seguido puliendo detalles en sus sucesivas publicaciones—, pero tampoco es una preocupación fundamental para ninguno de los dos proyectos. Por tanto, más allá de ajustes y correcciones poco relevantes, ambas variantes de Mwm han quedado más o menos congeladas: la de Motif en 2002, la de Lesstif en 2004.
Todavía hay por ahí gente que lo usa. Debido a su obsolescencia, no mucha.
Esc. Virtuales | Menús | Iconos | Temas | Dockapps | At. de teclado | Barra de tareas |
---|---|---|---|---|---|---|
Depende 1 | Sí | Sí | No | No | Sí | No |
1 La réplica de Mwm de Lesstif sí los incluye, la de Motif actualmente no.
La versión de Mwm que incluye Lesstif. Arriba, a la izquierda, asoma un pager para desplazarnos por el escritorio virtual. Los iconos se dibujan sin enmarcar.
Motif es una biblioteca para la programación de aplicaciones gráficas. Comenzó a desarrollarse a finales de la década de los ochenta para las variantes comerciales de Unix, y en pocos años se convirtió en una pieza imprescindible de la mayoría de ellas. Así que con el tiempo fue apareciendo un amplio catálogo de programas basados en Motif, incluido el por entonces muy popular entorno de escritorio CDE
.
Ahora bien, Motif era caro. En principio, los sistemas en los que corría también lo eran —y mucho—, por lo que tampoco importaba demasiado. Sin embargo, la situación fue cambiando con el auge de los clones gratuitos de Unix; los nuevos usuarios de FreeBSD o Linux, lógicamente, no tenían el menor deseo de pagar por Motif. Así que, por una parte, surgieron bibliotecas alternativas —como muestra, el hoy omnipresente GTK, en sus diferentes encarnaciones—; y por otra apareció Lesstif, una réplica gratuita de Motif creada desde cero por un grupo de programadores voluntariosos.
En mayo de 2000, quizás temiendo quedar en la irrelevancia, los responsables de Motif decidieron publicar de forma gratuita su código fuente, aunque sólo para sistemas libres como Linux; los Unix comerciales, en teoría, deben seguir pagando. Esta edición gratuita de Motif se llama OpenMotif. Ha habido bastante discusión sobre si este modelo de distribución —«tú pagas, tú no»— puede considerarse software libre; los programadores de Lesstif parecen convencidos de que no lo es, así que siguen con su proyecto.
Todo esto puede resumirse en que existen dos sabores de Motif: Motif/OpenMotif, el original, y Lesstif, una imitación desarrollada por otras personas con el objetivo de esquivar licencias restrictivas. A día de hoy —octubre de 2010— parece que ambas siguen en marcha, aunque quizás algo anémicas: podría decirse que Qt y GTK las han dejado obsoletas.
(Nota de agosto de 2024: En 2012 Motif fue publicado por fin bajo una licencia realmente libre, y ha mantenido un desarrollo lento y discreto desde entonces. Esto hizo a Lesstif redundante: sus programadores cesaron el proyecto poco después).
¿Que qué tiene que ver esto con Mwm? Sencillo: Mwm significa Motif Window Manager
.
Mwm forma parte de Motif y Lesstif, y se instala junto con estas bibliotecas. Si usáis algún programa basado en Motif —quizás el más extendido hoy sea Xpdf—, casi con seguridad lo tendréis en vuestro sistema, esperando en un rincón a que alguien lo descubra.
El Mwm de Motif, con tres terminales (Aterm) transparentes. En la última de abajo estoy editando mi fichero .mwmrc. Hay también una ventana de GQview minimizada, cuyo icono aparece dibujado con un sutil defecto gráfico.
Ojo, hay diferencias entre las dos variedades. El Mwm que incluye Lesstif está basado en FVWM, y proporciona escritorios virtuales. El Mwm de Motif también lo hacía, pero esta capacidad fue eliminada por alguna razón en Motif 2.1, así que las versiones actuales prescinden de ellos. Sin embargo, la variante de Lesstif está en general menos refinada, cosa quizás poco sorprendente: adolece de más fallos por pulir y algunas de sus funciones —el manejo de iconos, por ejemplo— están implementadas a medias. Su hermano mayor posee un acabado mejor y resulta bastante más sólido; también cuenta con una documentación mucho más completa..., ah, y la «caja de iconos», una ventana especial que muestra las aplicaciones que están en ejecución.
Mwm, como no podía ser de otro modo, posee parte del sabor clásico de las aplicaciones de Motif, con sus formas cuadradas, sus botones tratando de simular tres dimensiones y sus colores sólidos; un poco al estilo de la vieja interfaz de Windows 95-98, sólo que quizás algo más austero. Incluye un sistema de menús configurables bastante potente, un pager o navegador entre escritorios virtuales —la variante de Lesstif—, y la ya mencionada «caja de iconos» —sólo el Mwm de Motif—.
¿Iconos? Bueno, Mwm carece de barra de tareas, o de menús que listen todas las aplicaciones abiertas, así que las ventanas minimizadas se convierten en iconos en el escritorio. Se trata del mismo sistema que empleaba Windows 3.1, por ejemplo. Para recuperar una de estas ventanas minimizadas basta con hacer doble clic en el icono correspondiente —un solo clic mostrará el menú de operaciones de ventana, al menos en la configuración más habitual de Mwm—. Ojo, esto no tiene nada que ver con los entornos modernos, en los que los iconos del escritorio pueden representar programas, archivos o directorios.
Uno de los puntos fuertes de Mwm es que resulta bastante flexible, y el usuario puede configurarlo a su gusto y en profundidad. La estética, el contenido de los menús, las funciones del ratón y los atajos de teclado; resulta posible cambiar todo esto. También algo tan importante como el modelo de enfoque. Esto tiene una contrapartida, claro, y es que comenzar a usar Mwm de forma eficiente requiere algo de tiempo; y esfuerzo, probablemente con alguna lectura a la página del manual, porque la configuración de Mwm no es una tarea tan simple como la de otros gestores. Más abajo, en «opciones de personalización», explico esto con más detenimiento.
Mi primer contacto con Mwm vino de la mano de Lesstif. Como ya he comentado, es la variante menos refinada de las dos, de modo que no me causó una impresión demasiado buena. Así, en un par de ocasiones se interrumpió y me encontré sin previo aviso en la consola de texto; y en ocasiones cerrar una ventana cerraba también el gestor y, ya de paso, mi sesión de trabajo. Tampoco conseguí entender muy bien el funcionamiento del pager: o yo soy un burro, o algo falla ahí.
Tras haber usado un par de días el Mwm de Lesstif, decidí instalar OpenMotif y probar la versión del gestor que se incluye ahí. Ésta no posee escritorios virtuales, ya lo he dicho, pero..., ¡hey, mucho mejor! Funciona como se supone que debe de funcionar. No se interrumpe aleatoriamente. Maneja correctamente los iconos —y además son más bonitos, porque aparecen todos del mismo tamaño y bien ordenados—, y los atajos de teclado. En fin, la variante de Motif sí parece un producto realmente terminado.
Mwm posa con otros programas hermanos también basados en Motif: el explorador de archivos Moxfm, el editor de texto Gloe, el gestor de procesos Treeps, el reproductor de CD-ROMs Xmcd, y el reloj Mdgclock.
Mi primera tarea con Mwm fue husmear en sus archivos de configuración y preparar un sistema usable, definiendo mis menús y atajos de teclado. Me costó un poco lograrlo, porque la sintaxis y la organización del archivo .mwmrc resultan bastante opacas al principio, y porque además algunas opciones se especifican por separado, desde otros archivos: lo cuento con más detalle en el siguiente apartado.
Hechos los ajustes correspondientes, logré un resultado bonito y bastante ergonómico. Veo a muchos lectores dando un respingo: ¿Motif, bonito? Después de todo, en interfaces de ordenador viene a ser el equivalente a esos bloques de viviendas cuadrados que proliferaron por toda Europa en los años sesenta —los actuales no son mucho más agradables a la vista, por cierto—; funcional, sí, y también árido y poco elegante. Pero..., a mí me gusta. De hecho, lo prefiero al agobio visual de Windows Vista: sí, soy de ese tipo de personas que, en Windows, usan siempre la interfaz clásica. No se trata de buscar «autenticidad», sino de trabajar en un entorno claro, armonioso y sin distracciones. Y Mwm, a grandes rasgos, lo proporciona.
Posee sus peculiaridades, claro. Una de ellas es que las ventanas no tienen un icono para cerrarlas; para hacerlo, debe abrirse el menú de operaciones de ventana, clicando en la esquina superior izquierda, y seleccionarse la opción adecuada. Esto puede parecer poco práctico —y de hecho, lo es—, pero se me hizo bastante natural, y al pensar sobre ello mientras escribo esto creo que he encontrado la razón: se trata de un sistema idéntico al de Windows 3.1, que usé a menudo por la misma época en que en Unix se empleaba Mwm. Los controles de las ventanas están dispuestos del mismo modo: de izquierda a derecha, menú de opciones, título, y botones de minimizar y maximizar. No se trata de un parecido casual, porque Microsoft participó en la creación de Motif, y obviamente parte de esa experiencia la aplicó a sus propios productos.
Así que los nostálgicos de Windows 3.1 que todavía queden se sentirían bastante a gusto usando Mwm. Naturalmente, Mwm es más flexible y potente, porque incluye cosas de las que Windows 3.1 carecía: mayormente, sus menús definibles por el usuario, y su sistema de atajos de teclado, también configurable, y con el que se puede hacer casi cualquier cosa. Pero, a grandes rasgos, la idea general es casi la misma.
Un detalle llamativo de Mwm es la caja de iconos —en Motif, la variante de Lesstif carece de ella—. Se trata de un accesorio opcional. Sin ella, y empleando la configuración por defecto, los iconos de las ventanas minimizadas se van colocando en la parte inferior del escritorio, de izquierda a derecha y bien alineados. En cambio, con ella, se van almacenando en una ventana especial para ellos; y como esta caja de iconos muestra todas las aplicaciones que un momento dado se estén ejecutando, y no sólo las minimizadas, puede funcionar como una rudimentaria barra de tareas. Es bastante práctica.
En fin, para terminar iba a añadir algo sobre la falta de escritorios virtuales en el Mwm de Motif, que es el que realmente me parece usable de los dos. Pero, la verdad, no es una carencia que haya notado demasiado.
Y más reliquias construidas con Motif: ¿Cuándo fue la última vez que visteis en acción al navegador Mosaic ? Podéis apreciar asimismo mi menú de aplicaciones desplegado.
La configuración de Mwm se divide en dos partes. Por un lado, tenemos el contenido de los menús y las funciones del ratón y del teclado, que se especifican en el fichero .mwmrc, situado en la carpeta raíz del usuario. Por otro, están las opciones generales, que abarcan cosas como colores, fuentes, la caja de iconos o el modelo de enfoque; éstas vienen en forma de "Xresources" —el sistema de configuración original de las aplicaciones dependientes X Window System—, y por lo tanto pueden especificarse en los archivos .Xdefaults o .Xresources del usuario, o en /usr/X11/lib/X11/app-defaults/Mwm si deseamos que se apliquen a todo el sistema.
El archivo .mwmrc puede parecer un poco complicado al principio, sobre todo en comparación con los de gestores de ventanas modernos como Fluxbox; aunque posee una sintaxis y una organización que los usuarios de Twm —¿hay alguno aún?— reconocerán pronto. Como siempre pasa en estos casos, escribirlo desde cero sería un coñazo, incluso contando con la magnífica documentación que proporciona OpenMotif; pero modificar uno ya hecho y adaptarlo a nuestras necesidades es relativamente sencillo.
Y luego están los Xresources. Usando la variante de Motif, los posibles ajustes que pueden hacerse vienen explicados detalladamente en la página del manual. Con Lesstif..., bueno, existen algunos comentarios en el archivo /usr/X11/lib/X11/app-defaults/Mwm, y más o menos eso es todo.
Por lo demás, las dos variantes de Mwm son sutilmente incompatibles, y ajustes que funcionan en una de ellas en la otra no tienen efecto.
Esta imagen, tomada en 1998, muestra la capacidad de Mwm de añadir texturas a la decoración de las ventanas. Y también terminales e instancias de Netscape minimizadas. (La captura no es mía, procede de Xwinman.org ).
Si por alguna razón deseáis usar Mwm os recomiendo que instaléis OpenMotif, porque la variante que se incluye ahí es más completa y funcional que la de Lesstif, a pesar de la falta de escritorios virtuales.
Bien configurado, Mwm puede resultar bastante cómodo, y quizás hasta elegante. Se trata de una reliquia de otros tiempos, un poco como el propio Twm, y dudo que a alguien le interese realmente como entorno de trabajo; pero a mí me pareció agradable, e incluso podría usarlo como gestor de ventanas habitual..., aunque claro, para eso ya tengo Fluxbox.